Corrientes

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No somos corrientes.

Somos corrientes.

Repara en la diferencia: se halla entre lo anodino y lo eléctrico, lo estático y lo que fluye, lo que corre y lo que recorre, lo que hace resoplar y lo que ventila.

No somos como todos los demás, no somos corrientes. No te dejes engañar por las apariencias y por los domingos tumbados en camas de pereza, ni por las sonrisas estándar que compramos en los grandes almacenes y que vestimos en horas de trabajo. Que tampoco te confundan los andares miméticos por calles abarrotadas de anonimato, o los suspiros de aburrimientos en los cines abrumados de butacas estrechas y pensamientos vacíos. Pese a eso, sí que somos corrientes: esas corrientes que empujan los ríos en su carrera hacia mares de gloria o cascadas de decepción; esas corrientes eléctricas que recorren la espalda y consiguen hacer temblar los dedos y tambalearse la cabeza, gemir las bocas y sacudir las apariencias; esas corrientes de aire fresco y perfumado que abren puertas y hacen volar las hojas y las ideas entre remolinos de ordenado caos.

Corremos, recorremos, nos corremos, queremos. Y eso, simplemente eso, es lo que no nos hace corrientes.

No nos aguamos los cauces de salida, ni las salidas del cauce. No soñamos con utopías, somos nuestras propias distopias, imperfectas y perversas, como los versos de Baudelaire. Deseamos en versos y vivimos inversos, inmersos en las corrientes que otros nos prestan para seguir fluyendo. Dejamos correr los errores, aunque implica corrernos en placeres tan líquidos como ilícitos, nadando en alcohol, ahogándonos con las risas. Estamos destinados a recorrer destinos fuera de los mapas, trazando itinerarios dibujados con las líneas de la boca curvadas. Y hablamos de corrientes literarias y citamos a ciegas a Saramago, a Benedetti, a Storini, a Dante, a Kerouac, y a Sartre cuándo cambiamos las letras y queremos remendar un descosido. Y nos citamos a nosotros mismos: en los bares, en las palabras, en los coches y en las distintas estaciones, porque a menudo se nos va la mano, y la cabeza, y la lengua.

No somos corrientes, precisamente porque así se nos va la vida, entre un escalofrío íntimo y un baño de masas. Chispas en el agua, hermosas como fuegos artificiales sobre el mar, peligrosas como la corriente alterna.

-PatriShaw-

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