CENTROS COMERCIALES Y OTRAS TRETAS A LA SOCIEDAD

paseo-por-el-campoA lo mejor ya lo habéis oído antes, a lo mejor a vosotros también os pasa, pero a mí me deprimen los centros comerciales, todos los días, es decir, me deprimen a diario, de lunes a lunes, incluyendo los festivos; me vencen, al principio no soy consciente pero luego me dura el abatimiento varios días, de lunes a lunes normalmente, aunque caiga Semana Santa de por medio.

No entiendo qué me pasa, y al mismo tiempo no sé bien qué es lo que me lleva allí, bueno, sí  lo sé, el consumismo, las necesidades inducidas, las carencias que en realidad no existen, la falta de todo cuando nos sobran demasiadas cosas, los armarios repletos de ropa sintética, los lotes de bolsos apilados oliendo a poli piel, los cajones llenos de bisutería barata, los pijamas de colores invendibles, millones de zapatos que ya no nos ponemos, pero a pesar de todo ello algo vamos a buscar ahí, es obvio, de lo contrario, no habría tanto zombi dando vueltas.

Voy a empezar por dónde se empiezan las cosas, por el principio; un centro comercial es exagerado mires por donde quieras mirarlo, es una mega-construcción, como el puente de Bering, pero en redondo, son descomunales, un centro comercial al uso, así a ojo de buen cubero tiene unas dimensiones que como diría mi padre, en su escala de medida cuasi homologada abarca una Almozara bien completa, pues eso, que son enormes.

Si eres amante de los tacones, al igual que esta menda, por favor, antes de ir a un centro comercial, quítatelos, por el bien de tus caderas, que luego son las que tienen que albergar hijos, si no lo haces por tus pies, al menos hazlo por tus caderas, te aviso, los centros comerciales son muy grandes.

Tengo la manía de dejar de respirar cuando entro en un garaje, me dura poco rato, que rápido me ahogo por falta de aire, lo paso fatal, esta manía también se me da cuando alguien estornuda, y también con los bostezos y entre la muchedumbre, será que tengo pánico a un contagio, al humo enfermizo de los coches, a un virus que me entre por la nariz y se instale definitivamente en mi organismo, es y lo sé, una locura de manía, que cualquier día me muero voluntariamente por contener la respiración, y si es en el parking de una mega-construcción, estoy a solo unos segundos de la sepultura.

Me deprimen del mismo modo las familias, no todas, pero si las de mi edad, y si van a centros comerciales, empiezo a renegar del mundo y del suelo que piso. Sé que puede sonar fuerte, pero es que yo soy así, o lo digo o exploto, debe ser por el agua del bautizo, yo qué sé, algo me tuvo que sentar mal de pequeñita, pero es que nadie me advirtió de mi sufrimiento por esta  ignominia social. A veces entro en shock, sobre todo si ultrajo mi conciencia y voy a un centro comercial un sábado por la tarde, shock por los carritos de bebé y por los padres que los empujan sin saber a dónde. Las sillitas de los niños deberían tener incorporado un motorcito para circular en círculos, sí, circular en círculos, qué pasa? pues eso, familias enteras girando en la mega-construcción, con tacones y respirando tan tranquilamente, no me digáis que no es deprimente?

Me deprime el dinero, me deprime tenerlo y también me deprime gastarlo. Siempre que uno se compra algo, le entra una especie de desolación, el miedo al trueque, el propio intercambio de capital por bienes consumibles, te entra la duda de si será provechosa la inversión, y en consonancia con esto, te asalta el pensamiento opuesto, que si has derrochado un poco, bien te lo tienes ganado… pero no te basta! te sigues amordazando y empiezas a pensar en una posible hambruna en el país, y en ese momento, desprecias el objeto en cuestión, en este caso un perfume de Nina Ricci, y es que no te lo vas a comer si entramos en carestía. Y así, con estos pensamientos sigues rodando espiral abajo hasta tropezar con el desdichado paisaje del desasosiego, lo sé, me estoy pasando, pero mi cabeza funciona a base de inyecciones de claroscuro.

Suelo pensar que esta sociedad tan sólo concede una tarde libre a la semana para hacer lo que deseas durante los seis días anteriores, pero es una crueldad invertirlo así, recomiendo respirar, hacerlo por placer, al lado de un río, un día en el que haga frío, y necesites esconder tu nariz en el cuello de cualquier amor, vete, ve cuesta abajo por un camino de barro, asústate si algo se mueve en el trayecto, quizás sea un soplo de libertad.

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