Cortina de humo

 

Humo, sensualidad, fumar, evadirse

 

Lo políticamente correcto nos está matando. Lo peor es que nos damos cuenta y, como respuesta, nos sumimos en nuestro autismo en lugar de contestar con lo que antiguamente se consideraba un golpe de efecto magistral: escupir el humo a la cara, un efecto especial mudo capaz de asemejarnos a soberbios Dioses poseedores de razones que abofetean etéreamente entre nubes de admirada arrogancia.

Es irónico que sea la falta de humo la artífice de nuestra defunción moral y social. Lo que tradicionalmente jode los pulmones, paradójicamente, es lo que nos salva de multitud de situaciones infumables. En nuestras historias , reales o inventadas, ya no seducimos con caladas calculadas, ni prendemos la mecha de un contacto esperanzado encendiendo un metafórico cigarro, símbolo de que se quiere convertir en brasas ardientes algo más. Tampoco esperamos fumando al hombre que más queremos… Es una indignante falta de estilo, fruto de la hedionda supremacía de los perfumes de marcas multinacionales que consiguieron sofocar los aromas pegajosos de esos humos rebeldes que antes empapaban la ropa, las pieles, las lenguas y los lenguajes. Cerezas que se tragan al tabaco, trabajando como riñones para depurar el ambiente y convertir las esencias que no son preconfeccionadas en piedras que después no se escupirán con sensualidad, sino que se tragarán, como se fagocita siempre todo aquello que anhelamos hacer desaparecer pero no nos atrevemos a destruir.

Yo nunca fumé, pero ahora que está prohibido hacerlo en los bares, que las boquillas no se usan más que para decir “esta boca es mía”, que el humo para crear un ambiente interesante sale de una máquina, ansío hacerlo ardientemente. Porque ahora que de las bocas sale casi siempre nada, a mí me gustaría soltar bocanadas de humo, que, al fin y al cabo, acaban siendo lo mismo, pero con algo de glamour. Si lo pensamos bien, el fumar no es más que un remedio más contra la desidia, una vía de escape socialmente aceptada de evadirse en público y en privado, que ayuda a bajarse de las nubes entre brumas después del sexo y que, por el contrario, sirve como excusa para perder la cabeza en los nimbos de forma literal cuando las situaciones dejan de ser literarias.

Estamos programados para escapar de la realidad y el humo es una metáfora perfecta a la que nos volvemos adictos: son los pensamientos que nos salen de dentro condensados en espirales irregulares y efímeras, que cambian con el mudar del viento y desaparecen con el pasar del tiempo. Y nos envuelven como cortinas transparentes que nos dejan al desnudo, ofreciendo la falsa protección de lo acrílico y lo superficial. Cortinas de humo, que se esfuman, que se fuman.

-PatriShaw-

fumando

Anuncios

6 thoughts on “Cortina de humo

  1. No sé si al leerte es más fácil soñar, analizar esta realidad puñetera o caer en todos los vicios que tu quisieras proponer. 😉
    Un abrazo y gracias.

    1. Bhuaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, vamos por partes:

      Antes de nada, gracias por tus palabras, por las que pones aquí y por las que escribes en tu fantástico blog.
      Te diré que el impulso de apoderarme de un cigarrillo me entra a menudo, pero como soy terca y orgullosa, nunca le hago caso, se esfuma pronto.

      Me encanta el guante que lanzas. Muy mucho! Proposiciones indecentes como esta son las que me salvan del ansia de no fumar. 😉
      Espero que podamos contestar y estar a la altura.

      Un abrazo bien grande!

  2. Nunca he entendido que alguien decida meterse humo envenenado en los pulmones a cosa hecha, aunque durante mucho tiempo me lo he tragado a expuertas (bares, restaurantes, discotecas…). Ahora bien, tampoco entiendo que la gente se quede dentro el humo que la corroe por guardar las formas, por aparentar, por no ser señalada como la que disiente. Los que no tienen remedio son los que tragan y no exhalan. Esos están condenados. Saludos ahumados.

    1. Hola Benjamín!
      Me encantó leer tus reflexiones sobre la entrada. Es una brizna satisfactoria saber que, aunque cada lector es un mundo, se entiende lo que una quería transmitir.
      Al final, como bien dices, se trata de inspirar y expirar (y a veces suspirar). En ese proceso, no todo lo que entra es malo, ni todo lo que sale es bueno, pero lo peor, sí, es lo que se queda estancado dentro. 😉

      Te saludaría con una calada elegante, pero no fumo y seguiré sin fumar. Así que te mando un beso volador, de esos que sale de dentro con ganas y pureza. 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s