EDIFICIO 16, 2ºA

 

 

Si no recuerdo mal, era la época en que aún sabías cómo quitarme el vestido verde. Desdibujabas el medio para focalizar tu mirada en mis ojos grandes, y habías aprendido a susurrarme al oído con la única intención de perturbarlo hasta el desnudo.

Aquellos tiempos de compartirnos entre tazas de chocolate frío.

Tú tenías tú taza, y yo la mía. En la tuya se borraba por el uso un logo de Nescafé, en la mía una niña le decía a otra, entre corazones flotantes, “best friends”.

En tu taza y en la mía se ahogaban los gritos que llegaban del parque.

Quién nos lo iba a decir… que nuestras tazas, la tuya y la mía, se quedarían olvidadas  después de una ominosa medianoche. Agazapadas en el cajón de aquel pequeño piso de alquiler. ¿O quizás  las rompiese yo misma en mil añicos al empezar a notar tu cercanía cada día más inalcanzable, tu desgarrador hastío, mi tediosa rutina?

Utilizábamos los posos del Cola Cao para leer el futuro,  ese que yo inventaba para no tener que dejar de besarte antes de tiempo… como el “no te desnudes todavía” de algún atrevido cantautor.

Así se deslizaba el tiempo, como una gota tras el cristal.  Compré todos los vestidos de todos los tonos de verde, agoté las reservas de chocolate de los hipermercados y arrojé las llaves del edificio 16, 2ºA, al fondo del mar.  Con la esperanza de mantenerte asido a mi cintura y seguir navegando juntos todos nuestros océanos, sin más oleajes ni más tormentas que las del deseo desbocado.

Hasta que las palabras empezaron a fluir con parquedad, me dijiste que detestabas el verde y nunca estábamos de acuerdo en el canal de la televisión ni en la marca de precocinados.

Hasta que fuimos los sábados a mi casa y los domingos a comer con tu madre, y mientras yo me subía al autobús tú te bajabas dos paradas después…  no sabes cuánto detesto aquella medianoche que nos dejó helados, dándonos la espalda.

Y aún a veces recorro la calle del edificio 16, escucho los gritos de los niños en el parque, y me atrevo a sentarme en alguna terraza. Pido un Cola Cao frío y lo voy bebiendo a pequeños sorbos, sorbos de ti que no he podido olvidar. Me niego a abrir mis ojos grandes para verte pasar, agarrado del brazo de esa mujer de vestido rojo, mientras entre los dos lleváis de la mano a un irreverente niño, que con su falsa inocencia infantil, se atreve a mirarme como solo lo hacías tú.

Anuncios

4 comentarios en “EDIFICIO 16, 2ºA

  1. Tranquila, el tiempo dejará las cosas en su lugar.
    Me ha gustado mucho esta historia, me ha hecho sentir lo que tu sientes, claro que no en primera persona.
    Espero que te mejores!!
    Un beso 😉

  2. Lo malo de algunas despedidas es que dejan poso, como los del colacao, pero más dentro. Hay que pasar página y no aferrarse a recuerdos dolorosos. Y después de este cursi-consejo del Lecturas te digo, muy buen relato. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s