Travesuras de la niña mala

irene love

Dicen los sabios que “lo que gusta es lo que somos”. A Elementha le gusta “travesuras de la niña mala”, esa novela de Vargas Llosa que te hace sentir simpatía por un personaje que, a priori, tiene la etiqueta de malo pero que, en realidad, dulce y pausadamente acaba siendo el protagonista de los momentos clave. Y así es Elementha: un centro focal, un enfoque novedoso, una palanca capaz de levantar el mundo (eso sí, que la fuerza la apliquen otros, lo suyo es más el pensamiento revolucionario).

Como buena niña mala, pretende estar un poco a la sombra, pero no es capaz de conseguirlo, porque las luces la persiguen y, por eso, acaba siempre con un moreno envidiable, con una cita a lo Rousseau en la boca (interpretadlo como vos venga en gana) y con un club de fans más fieros y fieles que los de Erika de la Vega.  Pero no sería Vega ni ninguna otra clase de estrella lejana. En la naturaleza Elementha sería la luna: rocosa y misteriosa, siempre la misma, pero mostrando diferentes caras según lo requiera la situación; jugando pícara al escondite, en esos jeux d’enfants que nunca deja atrás porque parece retar al “quiéreme si te atreves”. Y es que hay que tener paciencia para conocer los cráteres y los matices de Elementha, porque los deja salir al ritmo de su tempos, cómo hace el buen vino, que para ser apreciado en lo justo tiene que destaparse con tiempo y saborearse con el paladar entrenado. Así, si ya desde el principio se puede intuir en ella un festín para los sentidos, es con el roce en el paladar que se llega a sentir la explosión volcánica que representa la esencia de su mismo ser. Enterraría Pompeya, pero no es de las que dejan cenizas (más bien, cáscaras de pipa). Es una hija del dragón, una Khaleesi con alma de sirena, mezcla de fuego y agua, la espuma de la vida.

Una perla en una ostra, aunque le peguen más los desayunos con diamantes. Elementha observa la vida del mismo modo que Audrey Hepburn escrutaba la cristalera de Tiffany. Y con una mirada clarividente, en esa visión de gafas de sol que embellecen el mundo unida a reflejos escarchantes de cínica realidad, consigue nadar (a veces haciendo el muerto) entre fantasmas, como esa actriz con la que “tiene un aire”.

-PatriShaw-

irene  hepburn

Anuncios

4 thoughts on “Travesuras de la niña mala

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s