De sol y de sal

verano

Una brazada más, y otra, y otra. Así se llega lejos, pero también se vuelve a la arena. Entre gotas te derramas en la toalla, regado de sol y de sal. Escuchas los ruidos que te acompañan en el deambular de tu cabeza desde el amarillo hasta el negro al cerrar los ojos, sobre todos los latidos de tu corazón que se amplifican al ser rebotados por la arena, que los guía caracoleando entre túneles y guijarros hasta tu oído, apoyado indolente sobre el trecho de tela que te separa de los granitos marrones entre los que juegan los dedos de tus pies. Tienes la respiración acelerada y los pulmones llenos de sueños que no consigues expresar con palabras. Miras hacia arriba y el negro se torna azul. Exploras el prisma del cielo y te das cuenta de que, en algún punto hasta el que no alcanzaste nadar, se funde con el verde del mar en una explosión de espuma que recuerda un orgasmo tranquilo. Goteas de placer, pero no te mojas y no dices nada. Dejas que el salitre eche raíces en tu piel, después de calarte hasta los huesos, con el calor reencontrado y la mirada perdida. De aquí a la eternidad… ida y vuelta.

A tu alrededor los helados se venden solos, los castillos pierden las almenas en su lucha perdida contra la marea y el repiqueo de las palas te recuerda el tiempo que pasa. Hace unas horas eras un niño que corría feliz dejando surcos diminutos allí donde la arena se amoldaba a tus pisadas. Pasaron los minutos y se corrió la voz de que tenías que crecer, y ola tras ola te transformaste en el que nada hasta las boyas y las sobrepasa, desafiando los límites que tú mismo tratas de no ponerte. Antes del ocaso serás un jubilado errante que cruza los brazos detrás de la espalda y pasea sin rumbo, paralelo al horizonte que algún día pretendiste alcanzar. Pero el sol está aún en su zenit, y tú te pones las gafas para parar los destellos y mitigar las sombras.

¿Y yo? Yo soy la que se queda en la orilla, contando los colores que quedan para que llegue el otoño; mojándose tan sólo a mitad para que el océano no se crea el ombligo de mi mundo; evaporando al sol las brumas mentales que creó el invierno; proyectando sombras que refresquen los lugares dónde voy querer apoyar los pies; dibujando sinsentidos en la pizarra brillante que el agua me quita y me da a intervalos regulares. Yo nado con la imaginación, y con su impulso aleteando en mis pies consigo sobrepasar las boyas y alcanzar el infinito. Y llego a la quimera tranquila de la Atlántida, allá dónde descansando sobre la nada encuentro mi línea de flotación. Es ahí donde abro los brazos y hago el muerto, esperándote con los ojos cerrados y los labios doblados en una sonrisa de pleitesía, porque es ahí donde las nubes no tapan el sol y no me importa que me abraces mojado, porque ahí es siempre verano.

-PatriShaw-

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11 thoughts on “De sol y de sal

  1. Si me esperaras en la orilla volvería con un pez y una hoguera en el corazón. Se pondría el sol, pero la luna sería otra estrella eterna que iluminaría la noche.
    Más allá de intentar seducirte, darte la enhorabuena por como escribes y lo que consigues transmitir.
    Me gusta mucho vuestro blog, es un verano continuo.
    Un saludo.

    1. El sol no sería necesario. Ni la hoguera. Ya me has dejado lo suficientemente sonrojada para que no se precise ninguna otra fuente lumínica o de calor. Además, si eres un náufrago como el que tu nombre indica…XD
      Bromas a parte, muchas gracias por tus palabras. Trataremos de hacerle frente al invierno siempre que podamos.

      Un abrazo.

  2. Soy de las que pasaría a tu lado y sin pensárselo dos veces se zambulle. Hace años y años que me dijeron que debía crecer, pero ante el mar siempre vuelvo a ser niña, me falta tiempo para zafarme de las sandalias , la camiseta , el pantalón corto, las gafas de sol,toalla, bolsa… el murmullo del mar me llama cual sirena que ha estado demasiados meses en una pecera y que necesita que la piel se le empape de sal, cómo un ritual que se repite cada año, el primer baño para mí es un pequeño ritual, entro pesada cómo si llevase toneladas sobre mis hombros, demasiada negatividad, que me hará reventar!
    Pero es el sabor salado en los labios, los orificios nasales que se han tragado un montón de agua del chapuzón y todo lo negro, pesado, y amargo se va!
    Adoro ese primer baño de sal! Y en el agua queda toda la oscuridad!
    Un texto precioso Patri!!!
    Enhorabuena!

  3. Lo genial de tener un blog es poder contar con comentarios como el tuyo, que enriquecen tanto que da gusto volver a leerlos una y otra vez.
    Muchas gracias por tus palabras (léase en todos los sentidos posibles).
    Yo soy más de baños de sol, porque aquí el agua es tan fría que más que regenerar pensamientos consigue congelar las neuronas (aunque no niego que es una gozada zambullirse en las aguas cristalinas del Atlántico). A mí la playa también me hace volver a ser niña, y no podría describirlo mejor de lo que hiciste tú ni queriendo. 😉
    A ver si septiembre nos ofrece la oportunidad de despedir el verano con un último chapuzón. 😉

    Un abrazo!

    1. Sí, tiene su latigazo el agua del Atlántico, eso es cierto, (a mí cómo me baña el Mediterráneo, jejeje pues está más calentito), aunque me he bañado con el agua a unos 18 grados en pleno mes de mayo, o sea soy muy kamikaze!!! Y muy loca, tenías que verme de vacaciones con amigas en Zahara de los Atunes o en El Algarve, y ellas al sol y yo para dentro, cual sardina, atún o salmonete!!! No hay mejor reafirmante! ni que sea del susto, la piel se queda teeeeeeensa! prieeeeeta!!! De hecho esos baños fueron en 2007 y 2010, y si debo tener algunas neuronas, son porqué se quedaron asustadas y pegadas a mi cerebro, por el cambio de temperatura! 😉 Esperemos porqué el Agosto no nos ha dado tregua, entre nubes y bandera rojas y amarillas 😦
      siempre un lujo leeros! Gracias Juanan!!!!

      1. Jajaja, harías muy buena migas marinas con Rathen!
        Ella es la persona más parecida a una sirena que conozco. Es capaz de estar nadando en aguas que a mí me paralizan la circulación. A veces sale más azul que el mismo mar, pero doy fe de que lo que dices es cierto, porque ella tiene una piel tersa y ultraprieta que ya me gustaría a mí que soy la de los baños de sol.
        El Mediterráneo es otro lujo. A las ePIDEmicas es una tarea que nos queda pendiente (la de ir juntas). Catamos el Atlántico en muchos puntos diferentes, pero la calidez del mar de los romanos aún no la hemos probado en grupo. Espero que sea pronto e, indudablemente, en ese momento nos vamos a acordar de ti. 😉

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