Y A LA COLA DEL PARO… POR NO HABER PASADO POR EL ARO

cola-del-paro La oficina del INEM es un lugar rancio y oscuro, atestado de gente cabizbaja, marcado por una promiscua mancha de humedad en el techo. Tiene forma de desazón y huele a fritanga. Alguna funcionaria lleva camisas del Corte Inglés, sandalias de Mari Paz y masca chicle sin azúcar. Es verdaderamente horrible. Aún diría más… la oficina del INEM… está construida al pie del fin del mundo y es el preludio de la depresión.

Una cría humana con dientes de leche atrae mi atención. Cuando ubico a sus padres, entiendo porqué a todo futuro lo pare un pasado similar (malditos benditos partos distócicos). Ninguno de los dos tendrá más de 20 años. Él está sentado en una de esas sillas azules de plástico. Enfrascado en el Marca. Vaqueros flojos, camiseta de tiras. Músculos, todo él constituye un exceso de anabolizantes y L-carnitina, los trapecios son tan exuberantes que le ocultan la cabeza. Ella me fascina más… Me entretengo un buen rato observándola. Pena que no hayan colocado aquí espejos para regodearme en todos sus ángulos. Viste unos shorts tan extremadamente shorts que denotan, efectivamente, el punto de partida de las nalgas. Qué 20 años más mal llevados, pienso. Pobre niña vieja. Tiene más celulitis en el culo que mi madre.  Yo tengo 30. No tengo celulitis. Voy a anotarlo en mi lista: sé correr aunque no sepa parar, sé hacer café de pota y no tengo celulitis. Realmente, soy sorprendente.

No parece importarle. Botines de plástico, tacones imposibles. La camiseta. Dios mío. Me duele, esa camiseta. ¿cómo es posible? Si hubiese algún agente del orden estético y del buen gusto dentro de esta sala le pediría que la detuviese. De inmediato. Ipso facto. Sin dilación y sin compasión. El origen en cuestión de la prenda me es desconocido, ni siquiera la ubico en Inditex. Lo que está claro es que le queda demasiado corta. No sé, a lo mejor es intencionado, para que se le vea ese escupitajo brillante que se ha puesto en el ombligo. Pone algo. La camiseta. Oh dios mío, no por favor, pienso. Que no sea una frase de autoayuda…

It´s your way.

Mecagüen la leche. No puede ser. ¿Es la nuestra una era dominada por estúpidas frases de estúpidos escritores de verbena? ¿ya no queda una sola prenda en el universo que no lleve escrito un designio redentor?.

Esa pobre chica lleva mechas violetas en el pelo, unos pendientes muy rojos y muy de plástico, más verdaderos que el olor de los chinos. En la escena falta una tercera parte. La madre, por lo que deduzco, de él. Esto es, la abuela cincuentona, fibromiálgica con sobrepeso y quejas somáticas múltiples. Rubia platino. Culo inmenso. Totalmente enfrascada en su Smartphone. Tendrá un amante por Facebook. Los tres tienen número para ser atendidos en esta mierda de oficina. Ninguno tiene trabajo. La chica debería taparse ese escupitajo verde del ombligo.  En este país nadie contrata a un escupitajo verde en el ombligo.

Vuelvo a la niña demoníaca. Se ha parado en frente de un señor que parece incluso respetable. Por fin, la presunta madre la reclama.

  • Sulay, deja al señor, cariño.

Ni caso.

  • Sulay, deja al señor, cariño.

Ni caso.

  • Sulay, deja al señor, cariño.

Ni caso.

  • Sulay, deja al señor, cariño. ¡SULAY! Te voy a castigar.

Sulay se mea de risa y se parte el culo. Si yo fuera la madre ahora mismo Sulay no podría respirar y, por ende, no podría mearse de risa. El señor respetable cierra el periódico, dirige una mirada resignada al cielo y se cambia de sitio. La madre veinteañera regresa a su mundo, y Sulay, que otra vez se queda sin castigo pero gana una amenaza vacía más,  tuerce el gesto con una mueca casi sádica: “ale, a seguir haciendo, básicamente, lo que me pete”, Porque a todo futuro, lo pare un pasado de mechas violetas. ¿Por qué permite el supremo, el omnipotente, la santísima trinidad, la reproducción entre seres humanos?

L33. Mi turno. La señora que me atiende, como mínimo, no ha dormido bien. Yo tampoco. Acabamos mal. Me prometo a mi misma no saludarla jamás si me la cruzo en la calle. Se va a enterar. Le haré el vacío absoluto.

Al mes y medio, como por casualidad, reviso mi libreta bancaria.No estoy recibiendo mis 480 euros mensuales del paro. Tendré que arreglarlo. Enciendo la tele, dan la novela. Tendré que arreglarlo.Mi tesis, por escribir. Tendré que escribirla. Café, necesito café de pota. Y salgo a correr.

RathenRath.

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Un comentario en “Y A LA COLA DEL PARO… POR NO HABER PASADO POR EL ARO

  1. Sí, hay gente horrible, con cuerpos feos y mal vestidos pero, por lo general, no tienen la culpa de no tener la educación suficiente y buenas piernas ¡pobres Sulays del mundo!

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