EN ALGÚN VERANO…

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Imagen por Socram Photo&Phobia

¿Son la felicidad y la alegría requisitos indispensables entre si? Qué cosas… Creo conocer algún tipo feliz poco alegre, y aún a muchos más alegres infelices….¿y eso de que los tontos viven mejor? ¿a qué coño viene? ¿es cierto?, ¿o son los tontos ateos y, por ende, más consecuentes?

La cultura es cuestión de fé. La fé, en lo que sea, acaba cayendo por su propio peso. Se muere y se olvida. Gracias a dios. Amén. Siempre quejándome por mi falta de saberes y conocimientos históricos, porque nunca me salieron los cálculos mentales y jamás obtuve buenos resultados al Trivial…  y ahora resulta que el descreimiento que voy construyendo últimamente le ha restado importancia a esas nimiedades. Ya no me molestan ni mi exquisita capacidad de olvido,  ni mi torpeza en ciencias… ni siquiera la desigualdad perentoria cuando me mido con mis compañeros de profesión. Es lo bueno de lo hueco, que no ocupa espacio, ¿no?

Aunque lo intente (que no lo hago) hoy no voy a ser capaz de escribir nada legible… me canso yo misma machacando el teclado… y sin embargo aquí estoy, parece que incluso con perseverancia. Ni redimiéndome por dar rienda suelta a la cabeza (mis pensamientos están tan presos que es peligroso liberarlos), ni intentando hacer literatura. Sé hasta dónde llego. Gracias, Padre Nuestro que estás en los cielos, por haber creado Internet, donde todos los memos del mundo mundial tienen su sitio. Simplemente escribo, y publico lo que escribo, para vengarme del sopor y de las chonis (por cierto, os quiero, ¡¡vuestras redes sociales me flipan, chicas!!)

Me hallo absolutamente desolada.  Rebusco a lo largo de la tráquea, bajo a los pulmones y a los bronquios para ocultarme en la esponjosidad de los alveolos…. solo encuentro vacío. Incapaz de enlazar una palabra tras otra para construir frases válidas. Que nadie me pida una oración subordinada, aquí la única subordinada soy yo.

Hoy, de nuevo, fuí a la playa. En esta ocasión solo hube de rodear diez de mis mil rotondas internas antes de decidirme.

Hay qué ver, la pena que me dan mis padres. Qué habrán hecho mal para tener que soportarme.

Destino Malpica, que viene siendo mi playa de infancia, esa en la que aúno recuerdos, habitualmente buenos hasta los 16, nefasta edad en la que empecé a descomponerme. Si os queréis hacer una idea, Malpica es territorio comanche. Desde que asfaltaron los caminos al sur, casi nadie osa ya manchar su toalla en las cenicientas arenas bergantiñanas. Si es que solo hay que pensar en el nombre, por dios bendito, malpica, la que pica mal… en fin. Podéis mandarme a la mierda. No es culpa vuestra. Solo era un chiste.

A Malpica quedan relegados ya únicamente las viejas con exceso de fe que siguen viendo en las olas el remedio a su reuma, algún surfero venido a menos, yo, mis padres y Manolo el del chiringuito. Mucha suerte a los de la cafetería Chil Out que acaba de abrir. Valientes.

Normalmente, cuando el Universo está felizmente caldeado por el sol, en Malpica hace un frío de mil demonios, la marea sube alevosamente hasta expulsarte al paseo marítimo, y una densa niebla acaba aislándote de todo lo buenamente visible.

El Corsa de mi padre es blanco. Es blanco porque salía más barato. Y viejo. Parece mentira, pero también es viejo. Huele a gasóleo, porque cada miércoles de cada semana, mis devotos progenitores van a buscar el odre de carburante que dé vida a su Ebro rojo del 71. ¡¡Qué gran tractor, el Ebro rojo del 71!!

Lo peor, no obstante, no fue Malpica… sino el sabor a derrota procedente de la cena de ayer, que me acompañó todo el día. Cena de hermanos. El alcohol rodó, yo bebí, y hablé. Y como siempre que hablo, no controlo, una especie de impulso indoblegable me domina y moviliza las cuerdas vocales en contra de mi voluntad. Me dejo llevar por esa voluptuosidad de la comunicación, y hablo  tanto y tan alto, que hasta la luna se duerme. Las estrellas  suspiran y el mar se calma.

Incluso alguien se reía con mis ocurrencias, soy subnormal pero copio chistes.

Conversé y conversé, fundamenté mis supuestas ideas políticas en robustos argumentos… hice mención a Pearl Harbour, a la disforia de género, al alcalde, a mis zapatos y a los juegos de rol.

Pasaron siglos, y yo hablaba… se acercó un camarero buscando integrarse en tan ameno y dicharachero grupo. A todas luces necesitado de un auditorio con las suficientes copas como para hacerlo partícipe de sus hitos vitales. Tras describirnos someramente los caracteres de las gentes de Santa Comba, Fisterra o Muros, darle un repaso a la marchosísima marcha sábado noche de nuestra tierra y recordar el funcionamiento del faro de Cabo Touriñán… inició el funesto relato de su propio 11S. Un Spanish man in New York, que veía como dos torres gemelas se derrumbaban desde el cielo de su emigración… y corría y corría huyendo de la perfidia… hasta acabar sirviendo churrasco en el Restaurante Santa Teresa de Lira… donde en ese mismo instante mis hermanos y hermanas, mis sobrinos y sobrinas, y yo… pimplábamos licor café como temiendo que alguna otra torre se nos viniese encima.

Mis risas no eran de este mundo… carcajada… dantesca, gigantesca, caricaturesca…  Después de años de silencio… no me llegaba el tiempo, ni los dientes ni la boca ni la lengua, para dar rienda suelta a todas las historias que tenía que compartir…

Me fui a dormir entre el cosquilleo del alcohol en el hipotálamo, el sabor del churrasco en el estómago, y el cansancio en la lengua.

Hoy, cuando me desperté, me encontré incapaz de emitir sonido alguno. Otra vez tuve que hacer frente a movimientos inconexos y desestructurados, a la falta de ansia y a la desesperación de saberme obligada a las relaciones humanas. A duras penas pude pronunciar un “buenos días“.

Varios whasaps me propusieron planes domingueros, a cada cual más apetecible. Los fui rechazando uno a uno, los seguiré rechazando hasta que la marea de gente que puebla la tierra acabe por enterarse de que estoy muerta en vida. Hombre ya, qué cansinos…

Irme a la playa con mis padres = intento vano de acallar mi conciencia. “Voy a llevar a papá y a mamá a la playa, a su playa, esa de las viejas con reuma y los desertores sociales”… y una mierda… en realidad, me dejé llevar por mis padres, en su Corsa blanco apestando a gasóleo… porque sé que son, junto a un grupo de perros sin raza, los únicos seres sobre la faz de la tierra que toleran mis silencios eternos…

Y desde que me desperté sobre la toalla, y me quemé la boca con el café para llevar y la espalda con el sol para escapar… continué obstinada en esta postura inquebrantable… llevo un cartel en la frente “ni se te ocurra dirigirme la palabra, o atente a las consecuencias, ser humano de mierda”

Yo sería una excelente adicta a la morfina. No me cabe duda. Rathen, enganchada al opio.

El agua estaba fría, llena de algas, de olas asesinas que intentaban abosrberte hacia los fondos más oscuros del océano. Curioso, a pesar de todo, no haberme dejado llevar. Curioso e incomprensible, a pesar de todo, este miedo espantoso al dolor y a la muerte.

Llena de verdín, acabo de darme una ducha en casa. Y aquí estoy, con una novela histórica en la mano (¿de dónde sale Julia Navarro, por cierto?); y de nuevo rodeada por mis perros. Ohh! my lovely pets!!

El sol se ha ido poniendo sin preguntarme opinión. Estoy sentada al lado del río y escucho el agua corriendo lenta de un meandro al otro. Los pájaros se acomodan en la oscuridad. Aún hace calor, y un murciélago vuela en círculos. Me pica un mosquito. Hijo de puta. Regreso al hastío de la luz eléctrica.

Nadie me ha llamado. No hay mensajes, ni whatsapps… ni notificaciones. ¡¡Qué falta de respeto!!

Me pregunto si mañana será un buen día para reiniciar mis obligaciones de mortal aplicada.  Otra vez miedo, cobardía, vacío, bloqueo, pobreza de espíritu.

Enciendo la tele. Voy a por un café, no me importa ya pasarme la noche en vela, porque un día más no habrá mañana.

El Club de la Comedia. No pestañeo. No sonrío.

– Me voy a la cama – dice mi madre.

Y hago un gesto con la cabeza, escueto, tajante. Ella me entiende, sabe que ayer bebí, hablé, dejé volar desde mi interior tonterías irremediables… y ahora debo estar callada al menos una década.

Apago el móvil. Lo vuelvo a encender. Nada. Lo vuelvo a apagar. Lo mando todo a la mierda. Total, ese todo no es más que mi nada de ahora.

¡¡A cona, Josito!!

*Rathen*

Muchas gracias a SocramPhotoPhobia por la imagen 😀

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2 comentarios en “EN ALGÚN VERANO…

  1. Se podría decir, te comprendo perfectamente. Que existe más gente así. Quizás, hasta te diría, el resto son zombies incapaces de sentir ciertas cosas. ¿Pero quién ganó la partida?. Porque como dices, el tonto es feliz. Veo ausencia de dolor en ellos, sedandose con mujeres hombres biceps y berzas. Joder!, no se si firmaría ahora mismo la lobotomización…… Podría poner algo bonito, de mi propia cosecha, pero es que en tierra yerma poco crece, así que utilizare una canción.

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