CARTA A UNA DESCONOCIDA.

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Mi querida y vieja amiga:  todo está cambiando.

No interprete estas palabras como los exabruptos de una resentida. Muy al contrario, escribo (al fin) en plena posesión de mi vida, y le sonrío al papel mientras escucho nuestra canción. ¿Recuerda? “Just a little bit longer baby, cause my love keeps growing stronger”. Jackson Browne versionaba una equivocación. Nunca un falsete fue erróneo y bello en la misma medida. Admito que, durante mucho tiempo, también lo creí. No obstante, se lo repito de nuevo, el mundo se ha vuelto loco y no me conozco. No… no es malo. Es perfecto.

Yo no quiero hacerle reproches, y mucho menos aconsejarla. No me atrevería a tanto. Simplemente la extraño, y desearía que supiera…

¿Cómo se encuentra? ¿Sigue felizmente casada? ¿Han hecho la Primera Comunión sus dos hijos? Querrá que empleen la vida en estudiar medicina, o arquitectura. Que cumplan los sacramentos y sean la envidia del vecindario. Ya después, si eso, por navidad les regala algún libro de autoayuda, a ver si descubren dónde carajo se les perdió la felicidad.

Últimamente me dio por recordar, como dijo el otro…  lo que aprendimos de niñas. Implacables intentos por convertirnos en mujeres de provecho, en deslumbrantes fábricas de bebés. ¡¡Valiente enseñanza,en un mundo  donde lo que sobra es precisamente gente!! Nos instruyeron para cumplir con lo esperable, para hacer uso de la fertilidad y  vestir lindos conjuntos. En las tardes de juegos peleábamos por ser la mamá… no ha podido olvidarlo…

Permítame contradecir todas esas sandeces vitales, darle la vuelta a la felicidad de princesas que le prometieron.

Al llegar a la adolescencia la pilló desprevenida el amor, la confundió y apaleó durante años. ¡¡Sacúdase ya de encima a los hombres!! Porque eso son. Hombres. Le dirán que la quieren, y probablemente hasta ellos se lo crean en algún momento. Más mentiras. Cuando vayan al cine los domingos, en las primeras citas, todo será maravillosamente emocionante. Se sentirá la dueña del mundo, la más bella, la más divertida. Se sorprenderá de sus propias y originales conversaciones. Pero el tiempo pasa y aniquila. Ocurre como con los malos olores, una acaba acostumbrándose a ellos. Ambos se acostumbrarán también a la cara del otro, que pasará de ser la de sus sueños a vulgar y, probablemente, hasta detestable.

Aléjese de los que le prometan una vida en común, sexo seguro, dos hijos e hipoteca.

Por cierto. Me blanquea el cabello… debo apresurarme. Recién descubro que han transcurrido millones de soporíferos años esperando un desenlace que nunca llega. No hay peor tiranía que la propia existencia, y reconozco que me asusta la vejez.  Soy de las que se comen las patatas y deja la carne, de las que prefieren los preparativos a la fiesta. Por eso tengo prisa. Me he cansado… de confundir el calentón con la pasión y la pasión con el amor. Lo que es peor… estoy profundamente aburrida de intentar transformar eso que llaman “estabilidad” en “felicidad”.

Así que me niego… Hágame caso. Salga a bailar, beba cerveza, corra, salte, folle, grite. No se crea ni la mitad de lo que le cuenten, y dedíquese a si misma. Rodéese de libros, de música, de colores y perfumes.

Huya… abandone a ese marido cuarentón… ¿Qué cojones le vió? El hombre de su vida es profundamente aburrido.  Ronca por las noches y ya ni siquiera tiene erecciones. Por ejemplo… si el técnico del teléfono le recuerda a Gregory Peck… ¿por qué no? Invítelo a café, dese ese gusto y después olvide.

Si me dice que soy una cualquiera por preferir los amores de barra a los contratos oficiales… le responderé que lo contrario. Es usted la mayor de las “mujeres cualquiera”, porque se resignó a cuidar a un macho vulgar, incluso a limpiarle el culo cuando a los 75 años sufra una embolia cerebral. A enterrarlo, y a enterrarse usted después…

En serio… no son consejos. Solo me gustaría verla feliz. Le aseguro que desprenderse de los lastres es empezar a volar, que la soledad no debe asustarla, y que depender únicamente de usted misma le aportará el grado de rebeldía que necesita… para hacer lo que le salga de los cojones, cuando le apetezca y como le apetezca.

Insisto. Cómprese un perro, abandone a ese marido, mate al gato y deje a los niños con su suegra. Vayámonos a la playa las dos. A Carnota… a bañarnos vestidas, comer helado de chocolate y dormirnos frente al mar.

Atentamente.

Su amiga.

. RATHEN .

 

 

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3 comentarios en “CARTA A UNA DESCONOCIDA.

  1. uffffff que razon tienes rathen,las mujeres tendriamos que salir de esa burbuja que nos han hecho ver como si solo fuesemos maquinas de procrear y vivir para hijos y marido.Dios!!!como te entiendo y comparto esa manera de ver la vida!!!!

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