Historia de dos ciudades

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Uno nunca debe volver a los lugares en los que ha sido feliz. Es una máxima exquisitamente exacta, que conjuga a la perfección las coordinadas espacio tiempo, dando a las frases un sentido físico de fórmulas en fábula. Pero uno siempre regresa a los lugares en los que amó la vida, bien sabiendo que hay amores que matan de ausencia y otros que hieren con presencia.

Los años vuelven aciago cualquier sitio en el que antaño destilamos risas, tanto que saboreamos la cosecha del presente con un paladar demasiado entrenado para soportar el vino agrio con el que nos toca hacer un brindis al sol vigente. Será que los recuerdos lo recubren todo con el velo de la melancolía, y eso nos hace andar dando tumbos de borracho, viendo desenfocado el horizonte que quisimos alcanzar o hacia el que huimos un atardecer como tantos otros, pero que marcamos con un punto rojo en la agenda visual de la memoria. Y así, deslumbrados en una marcha con trayectoria de proyectil, tropezamos en los adoquines, esos que contábamos cuando volvíamos a casa demasiado aburridos o borrachos o abochornados para permanecer con la cabeza alta. Arrastramos los pies como si una parte de nosotros quisiera quedarse atrás, negándose a incorporarse a esa realidad que existe fuera de nuestros pensamientos y que no sabe nada del peso de las nostalgias que nos oprimen los hombros.

Y sin embargo la dicha que vivimos vuelve a pintar los paisajes y darles sentido más allá de lo que nos puedan sugerir la vista o el oído. Ciegos ya estamos si no nos emociona el olor del aire lleno de vicio, si no nos estremece el tacto de las paredes que ya acariciamos hasta rasgaros los nudillos, si no nos atraganta el gusto de volver a sorber memorias sedientos. Quizás vivimos al este del Edén, pero éramos demasiado rebeldes sin causa para percatarnos de que lo que nos regalaba la cotidianidad sería lo que nos haría gigantes, porque tuvimos más días de sol que horas oscuras. Aprovechamos las noches para erizar la piel que nos bronceaban los días, quejándonos por todo lo que ansiábamos sin apreciar lo que teníamos, acunados en esa reconfortante tranquilidad de la rutina que nos gustaba romper a botellazos o morder entre bostezos.

Ahora, cuando la ausencia es una parte más del panorama, las sonrisas las dictan los labios, contrariando a los ojos que se velan de añoranza mirando hacia unos pies que parecen querer bailar un último tango en París, como si en cada esquina se escurriera la posibilidad del paraíso que una vez sí existió en forma de tarde en la piscina, de noche de verano en la huerta, de paseo por el puente, de mañana con aroma de leche y café, de esplendor en la hierba. Son dos mundos que sobrepone el recuerdo: una fotografía y un negativo, una evolución parada que cuenta el enfrentamiento de pasado y presente en un lugar en el que fui feliz y que ahora se desdobla en la historia de dos ciudades que siempre serán mías sin pertenecerme jamás.

-PatriShaw-

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8 thoughts on “Historia de dos ciudades

  1. Ni discos de musica, ni viajes….

    La vida es una colección de cicatrices que nos vuelven itinerantes, cambiantes, àvidos de nuevas experiencias o insensibles….
    El donde comienza la sano o insano, el martirio o el recuerdo, pues no tengo ni flores.
    Al fin y al cabo es como decia hitler, la paz es el tiempo de preparación de la guerra. Sorry? Así es la vida? Que le den a lo clichés.

    1. Nada de clichés, touchée!
      La vida es como es y eso es lo que nos hace ser a nosotros como somos. Podemos tener colecciones infinitas de todo y sentir igualmente ausencia. Triste? un poco… pero maravilloso a la vez, no crees?

      Tu reflexión me ha encantado. Te citaré, especialmente en mis conversaciones de bar, que son las más provechosas y las que más me gustan. 😉

      1. Cuanto se cambiaría el mundo si los hemiciclos fueran barras de bar…. He arreglado el mundo 5455418749547 veces. XD

        pero no te creas, hay personas grises, sin alma que siempre estan conformes, y lo peor! Les tengo envidia, ponme 4 raciones de loqueros.

  2. Por un roto siempre hay un descosido, no? Así que no importa las veces que nos empeñemos en arregla algo, se acabará rompiendo otra vez. Es uno de esos clichés que no gustan, así que llamémosle ley no escrita y concertemos una cita más en el diván de la locura. Total, si nos dejan estar acostados y hablar… 😉

    1. Se le puede sumar al diván una o varias cervezas, desbarres, coñas, risas y alguna que otra reflexión profunda que nos lleve inexorablemente a ningún sitio?
      Y con lo de las cosas que se acaban rompiendo sí o sí, en el fondo, soy un iluso y aun creo que existen relaciones sin obsolescencia programada….
      Mundo de golosiiiiiiiiinaaaaaaaaaaaaaaa, mundo de golosinaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

      1. Siempre hay que pelear por las barras libres y las autopistas hacia el país de las gominolas! Eso y un diván son la mejor decoración feng shui que puede necesitar un borracho dicharachero.
        No te voy a llamar iluso por tener una ilusión… y menos cuando la comparto, jejej. Programar está sobrevalorado, algún día esa práctica será en sí misma obsoleta, verás. 😉

      2. Programar no mola, por eso no lo hago xD, yo maltrato sistemas, les hablo y les cuento cosas. Les doy pixeles de comer si se portan bien.
        Y programas en la vida real, pues a veces no quedan mas pistolas… pero con lo bien que se vive el momento? Sin plan, sin compromisos autoasignados… hacer lo que place, cuando place, donde place…
        De responsabilidades ya estamos llenos, que a mi no me enseñaron a crecer!!!!

        Si la compartes, también te llamaré ilusa xD, pero bueno, dejare de buscar quimeras cuando muera. Me dedicaré a dormir.
        Aunque me ganas, creo que tú aun quieres cambiar el mundo y yo con que no me cambie el a mí me doy con un canto en los dientes… (Eso es que Maria Calas sea tu dentista? Rompería las caries con un DO de pecho?).
        Un domingo de resaca no es para reflexionar, viene en las sangradas escrituras,,,

  3. Con tanto pájaro se me olvidaba lo importante. Pocas cosas aprendí en mi vida, darme ostias de todos los colores, un montón de teoría sobre muchas cosas y bla bla bla. Podría citar a Jung, a Buda o un largo etc que quedaría muy cool y los snobs asentirían con la cabeza como cuando miran un cuadro que en realidad es el estornudo de un niño.

    Pero creo que lo único con criterio que te puedo decir:
    “Los trenes que se escapan son mentira, siempre hay una estación donde brilla más la vida” / “Nunca choveu que non escampara”.

    Recuerdalo constantemente hasta que pases la gripe.
    Si deseas una sesión intensiva de juglar de pueblo, o psicólogo de barra, por favor póngase en contacto con nuestra secretaria en el correo indicado más abajo.
    Gracias por su atención.

    PD: Les recordamos que hay un 20% de descuento hasta agotar existencias.

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