A MANOLO TENA. LLÉVAME, LIBRE Y SALVAJE. LLÉVAME HASTA EL MAR.

 

 

Recuerdo a un hermano mayor. Tan alto, tan delgado, tan divertido… jugando al fútbol y corriendo por el monte cuando aún no era mainstream ni se llamaba running. Engominado los sábados, con su chupa de cuero marrón, y ese toque de chulería que solo se pueden permitir los tipos guapos. Algunas veces cantaba aquello de Cris, Cris, Cristina… versionada para un público de cuatro o cinco años.  Es decir, yo, su Cristina favorita a pesar de mí misma. Otras me sobornaba con pelotas de tenis, o me llevaba a la playa en el polo rojo. Siempre me mareé en los coches, así que entre vomitona y vomitona, era la niña más feliz del universo viendo pasar el mundo tras la ventanilla: “vuela al  viento, espuma del mar… vuela al viento y vuélvelo a volar”.

Lo de la boda me pilló desprevenida… pero sucedió, como suceden todos los actos sociales en esta vida, de sacramento en sacramento aunque aquí ya casi nadie se crea el cuento de la vida eterna. No puedo deciros qué año era. Nunca me quedé con ese tipo de datos. Pongamos que el 93 o el 94.  Por entonces reinaba en mi casa un aparato de música con muchos vinilos, y varias cintas de cassette. Entre ellas, “Sangre Española”. La misma que metí en el bolsillo el día de la ceremonia. Con su cara A y su cara B. A mi hermano se le ocurrió la brillante idea de celebrar el enlace con la preciosa rubia de ojos azules a varios quilómetros de distancia. Teniendo en cuenta que mi padre se perdió, los quilómetros se multiplicaron. Me mareé hasta vomitar más allá del duodeno… eso no me impidió disfrutar de lo lindo admirando el desfile de playas que se sucedían tras la ventanilla. Cielo y mar estaban tan azules, que perfectamente prodría haberlos pintado un preescolar. Ni olvido tampoco lo que sonaba de fondo… Aquel tipo andaba buscando madera para tocar, o la sangre española de una gitana para besar, jodidísimo porque no sabía lo que le ocurría, y sus amigos no dejaban de preguntarle. Así que ya véis… Manolo Tena estuvo a mi lado en uno de los días más importantes de mi niñez, aquel en el que mi hermano mayor, al que adoraba reverencialmente, dejaba la santa casa parental. Hace relativamente poco escuché críticas demoledoras hacia su música, y yo que no soy imparcial al respecto, lo defendí como se defiende a un amigo o a un familiar.

A lo largo de mi aún corta vida… entre todas las situaciones que delinean la personalidad de un adulto, están las muertes de varios artistas españoles: Enrique Urquijo, Antonio Flores o Antonio Vega. Ahora temo con aprensión la hora de Sabina, qué queréis que os diga… Me tocaría llorar de nuevo.

Es tan simple como haber crecido a su lado, con sus frases y sus voces. Yo era la niña fea y gorda, y en la devastadora corrosión que supone creerse inferior durante años, me agarré a aquellos versos como un náufrago a su barca. Pude de este modo vivir los últimos retazos de la Movida, y sentir el calambre dulzón de la España culturetas, antes de que se desnaturalizara y empezara a ser más plastificada, menos real… “noventera”.

Adoro a los hombres poeta. Por desgracia, no conozco a ninguno salvo en canciones. Pero no me cabe duda que alguien que es capaz de querer ser mar, y conseguir ser solo espuma, lo es. Y me da igual que confundiera “la droga con la revolución”…  si me sale de las narices ser su princesa azul, lo soy, porque suelo luchar por lo que quiero. Y lo que es peor, suelo conseguirlo.

Supongo que Manolo, Enrique, los Antonios… y todos los demás, estarán componiendo en alguna umbría calle, o en la tasca más vieja de la ciudad en la que quiera que se encuentren. Eso sí, espero rechazaran las veleidades del paraíso celestial, donde es imposible que un poeta haga lo que tiene que hacer.

Yo los echaré de menos. Y tendré que agradecerles por siempre que me acompañasen cuando me creía el bicho más insignificante y deleznable de la sociedad.  Que me enseñaran a no contentarme con una mísera esquina de tierra, aguantando las hostias de luchas ajenas, mientras el mundo sigue siendo igual de grande. Igual de grande para escucharlos cantar poesía. En cualquier lado.

*Rathen*

 

 

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2 comentarios en “A MANOLO TENA. LLÉVAME, LIBRE Y SALVAJE. LLÉVAME HASTA EL MAR.

  1. Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,
    contarle que el universo era más alto que sus caderas,
    le dibujaba un mundo real no uno color de rosa,
    pero ella prefería escuchar mentiras piadosas.

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