Esplendor en la hierba

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Nunca entendí como la gente no venía aquí más a menudo, para amarse en público o a escondidas, gozar del placer, de lo prohibido, de la vida.

La hierba, siempre verde y cuidada, invita a dejarse caer de espaldas y yacer disfrutando del esplendor de un cielo cian que enmarcan montañas enebradas y azules. Los muros de piedra y adoquín afinan el viento para que resople al eco de las cuerdas de los arcos, mientras los torreones, vasallos del tiempo, vigilan que el sol trace figuras en las rectas murallas que precipitan hasta los valles. Todo es geometría y en una cuadratura del círculo una puede subirse a las almenas sin salir de su propia torre.

Bajo el mandato del astro rey, centenares de rincones oscuros conspiran en la sombra para ofuscar los sentidos ebrios de una claridad diáfana y naíf. Los abedules bailan la brisa, delicados como un aliento en el cuello, enraizados en una historia que dejó de escribirse al ser desterrado el olvido.

Algunos turistas curiosos recorren con paso débil los contrafuertes que ciñen el perfumado verdor de la primavera que brota, y yo hago inventario de nubes, preguntándome por qué no me hice raptar por esta dulzura cuando aún creía que el futuro era mío.

Pero siempre vuelvo hacia aquí, tan dura de sesos como las rocas varticales y chatas de la fuente seca en la que un día me robaron un beso. La eterna seducción del regreso… ¡Como cambian las cosas al verlas ahora! O lo que cambia es la mirada y en esta quieta igualdad que todavía habla mi idioma, recuento recuerdos y sigo contándome historias. Caigo en la cuenta de que no dejo de luchar las mismas batallas pese a haber conseguido la paz tras perder casi todas las guerras. Pero este lugar invita a poner la armadura para que la sabia ironía de la vida la mancille de pecados y te la quite a mordiscos, como ese amante ardiente que te consume lentamente o a llamaradas y deja de quererte si dejas de desearlo.

Y aquí sigo yo, desnuda de concreción, soplando deseos, de cambio, de vuelta, pero de pausado sosiego. Normal que sea así en este oasis del tiempo en el que nunca me encuentro y siempre me pierdo.

-PatriShaw-

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