Guerra y paz

Fascination, Vienna, 1990

 

Nunca llegamos a comprendernos bien. Nos tendíamos la mano como quien tiende la ropa, en un hilo tenso y expuesto al sol y al viento, tanto que en la inclemencia del tiempo se nos dilataban las noches entre palabras y silencios, dejando en el aire un vago vaho hecho de suspiros y bostezos vueltos a recrear humedad. Recuerdo tu mandíbula, preciosa y robusta, de esas que trazan 90 grados y se pueden medir con un compás. Estoy segura que hubiera encajado magníficamente puñetazos, no por nada tu referente era Tyler Durden. Pero desgraciadamente tú eras un hombre tranquilo, flemático y resuelto, algo que podría encantarme si consiguiera ser coherente. Anhelabas más que nada la paz y encontrar un equilibrio en el caos, justo cuando yo deseaba batallas y no bajar la guardia para que me noquearan al tener los puños alzados.

Era fácil emborracharse contigo. Por las tardes bebías té con la americana puesta, pero sonreías al hablarme de tu inmensa colección de botellas de cerveza, esa que acristalaba tu habitación y enmarcaba tu cama con centenares de destellos con aires de malta. Dejabas bajar el sol, quedabas en mangas de camisa blanca y en tus labios carnosos se posaba la ginebra, que te apasionaba tanto que yo no podía dejar de ver en ti el perfecto Lancelot y así trataba de guerrear contigo bajo el estandarte de las cuatro rosas que coronaban mi copa de bourbon sin hielo. Pero nunca floreció ni un atisbo de guerra abierta porque eras el tipo de caballero que viste sombrero y no yelmo. Llevabas a cabo tu asedio con diplomacia y paciencia meticulosa y a mí casi no me pesaba el encierro, pero deseaba que hubieras irrumpido a la fuerza, derribando la puerta a patadas y golpeando los muros con fuego.

Y es que yo siempre fui de alzar murallas, de eso te debiste haber dado cuenta, ya que un día señalado apareciste con un castillo de gominolas y la determinación ajedrecística de deshacer mi ya instaurada defensa escandinava. Llevábamos tiempo deambulando por tierra de nadie, yo abandonando las trincheras y tú en un alto al fuego de desesperada constancia. Aún así, sacaste las cerillas y encendiste 27 velas mientras ya me escuchabas cantar como a Janis. Te agradecí el gesto con un soplo, pero sin deseo. Quizás esa fuera la última vez que junté los labios por ti y, de hecho, desde la distancia del tiempo de más velas, me preguntaste si las cosas podrían haber sido distintas si me hubieras besado esa noche. Te mentí a medias al contestarte lacónicamente que sí, porque pese a que fuera inevitable izar bandera blanca, probablemente lo único que hubiera cambiado sería el punto de fuga y la aceleración de mi huida, porque la reina siempre se mueve en línea recta pero nunca se digna a ir a ningún lado. En eso sí me diste la contraria, y contestando a la quietud que tengo enrocada en la cabeza más que en los pies decidiste ponerme entre la espada y la pared, para después tomar la lanza y apuntar hacia otro horizonte, lanzándote hacia un nuevo verdor que dejara atrás el campo de batalla yermo sin que lo quemáramos nosotros. Marchaste hacia la tierra de los castillos y espero que allí consiguieras conquistas por rendición, mientras que yo aquí sigo anhelando esa guerra que pueda traer paz.

-PatriShaw-

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14 thoughts on “Guerra y paz

    1. Desde la más profunda ignorancia… suena como cuando uno esta cansado de estar consigo mismo y se aferra a lo que la vida le pone delante sin utilizar su libre albedrío.
      Ni a la hora de tomar lo que la vida le pone delante, ni a la hora de decir, pues si hay que jugar se juega (echando toda la carne en el asador, aun sabiendo que la ostia va a ser contundente y tener el betadine cerca).

      No suena a cuando ves una persona, se te dilatan las pupilas y empieza un torrente de endorfinas en el coco. No suena a, tengo que intentarlo todo o no podré dormir mañana… quizás, porque si puede dormir, y lo único que te aflige es que crees que se ha escapado un tres, o que lo dejaste escapar……

      Tus solicitudes son altas… Es complejo encontrar una persona que esté al nivel intelectual, de diversión y como una regadera para mantener tu espíritu alto…

      Al mismo tiempo, que semeja que no se pueda bajar la guardia contigo, es decir, que uno pueda relajarse sin temor a perder lo conseguido, o tener que estar trazando estrategias para que no se apague la hoguera….

      Que fácil es hablar desde el desconocimiento….
      Sea como fuere, al leerte, no tengo la sensación de que hayas perdido algo que te resultase “importante” (permíteme entrecomillarlo mucho). Más bien, te haces cargo de tu brillo especial y de la soledad del auténtico….

      Si Jung levantase la cabeza me daba una medalla o unas ostias… no lo tengo claro…

      Tengo muchas más letras en la recámara, pero me las voy a guardar hasta tener más datos….

      Quizás es el momento de no mirar atrás, y dejar de anclarte en la pérdida…

      Podría ponerte una canción de las que te gustan de los 70 u 80, o una alannis, o un Torn de Natalie… pero no, me voy a mi redil (aunque los 60/70/80/90 también lo son).

    1. Jajaj, no, no la has liado. Estaba de vacaciones físicas y mentales.
      Siempre me interpretas de forma tristona, y no es así (el más de las veces, por lo menos).
      Pero es siempre un gustazo leerte y disfrutar de tus pensamientos.
      Ah, y la canción también me ha gustado mucho.
      (P.D.: no he recibido nada en el correo).

      1. Supongo que porque siempre tienes un toque meláncolico. Creo, hoy no soy yo el lúcido xD.

        El correo que tengo yo empieza por ch …
        Si no, maileame al correo que pongo en los comments… A saber a quien le mande todo lo que conté xD. Pero es una buena historia, sobre lo que queremos, lo que creemos que queremos y sobre lo que aprendemos a querer….

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