En el camino

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Por ese lugar del mapa en el que no he estado nunca, hago pasar las medianas que mueven mi baricentro. Cortan las tangentes que cruzan lo que jamás ocurrió y rompen la geometría de los círculos viciosos. En ese equilibrio imperfecto me muevo entre el resbalón de los recuerdos y las zancadas de un porvenir ciego que agudiza el tacto del presente. Es en esos puntos que no consigo poner el punto y final. Se me clavan en la persistencia como unas chinchetas, y en el camino del pensamiento no respeto los estopes, ni tan siquiera cedo el paso al evidente apremio que desfila entrecomillado descarrilando a mi encuentro. Prefiero dejar que me coma, devorando cada sílaba de ese discurso que huye de mi cabeza y se me queda entre los dientes, mientras lo acaricio despacio con la lengua empastada de adverbios y sedienta de adjetivos que puedan embellecer el panorama salvaje que construye la geometría gramatical de una imaginación que tiene tendencia a perder la brújula.

Más allá del norte, de los bosques y las arenas que besan la sal, yo busco junglas de adoquín en las que encontrar copas que emborrachen, aglomeraciones de instantes que se vuelvan historia esculpida en la piedra o escupida a la cara en una marquesina en la que esperar ese tranvía llamado deseo. Sin senderos ni rutas, sólo plazas cándidas como lunas crecientes en las que acostarme a contemplar el cielo que coronan torres imponentes como montañas, y entre risas ajenas encumbrar el placer de sentirme seducida por una escalada de júbilo idiota que al igual que el vapor se levanta del suelo y se vaporiza en el aire, perdiéndose como yo en el crepitar de las horas errantes. Vaguear en los parques que no protege nadie, saltando verjas y normas que destiñe el desdén, para bordear ríos de pensamientos en los que no mojarse los pies, sino más bien tirarse de cabeza y nadar hasta encontrar la fuente que haga brotar las ganas de ponerse siempre en discusión y seguir teniendo monólogos interiores que me hablen sincera y desgarradoramente de lo que creo saber y de lo que no, abriéndome en canal e impulsándome más arriba del techo de cristal. Y así, seguiré apoyando una oreja en la almohada para dormir y ensoñarme en mil camas de hotel distintas, dejando la otra libre para escuchar todas las bocas de la verdad que no me coman la mano en las noches indómitas y quieran dejarme en el cuerpo algo más que saliva, dándome salvia y sabios consejos que me acompañen a lo largo del viaje que nunca cesa en el camino.

-PatriShaw-

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3 thoughts on “En el camino

    1. Muchas gracias (por partida doble). Era una errata (tenía que ser “el tacto”). Corregida.
      Sé que tendría que ponerlo en tu blog y no aquí, pero es que casi me da vergüenza comentarte para decir que tus entradas me encantan hasta el punto de erizarme la piel. Con “Una armónica en Ponzano” me has despertado tantas cosas distintas que sólo de podría dar un beso en la mejilla pegando los labios de verdad. 😉

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