CUANDO AÚN ESTABAS CONMIGO

 

El verde es un color joven, baila y se desparrama sobre las ondulaciones del valle. Acompaña a la corriente del río y asciende por las paredes del molino. Ni tan oscuro como el negro, ni tan peleón como el rojo, o bilioso como el amarillo. El verde solo es verde. Eso es. En él no hay doblez ni complicación.

Primavera. Olor a lluvia reciente. Luz que se filtra.

Agarro tu mano fuerte y masculina, con restos de tierra bajo las uñas. Caminamos juntos hacia la maravillosa esquina de bosque en la que nos citamos todas las tardes. Mientras yo me pierdo en un libro tras otro, tú observas las copas de los árboles, y de vez en cuando susurras ecos de recuerdos lejanos.

No sé cuánto podrán durar estos encuentros, escondidos del mundo y sus frívolas indiscreciones. Por eso, y porque me adoras sin condiciones, me aprovecho de tu amor. Lo exprimo, lo mastico, me lo trago, me lo quedo. Abrázame suave, dame la mano, acaríciame el pelo, bésame, cuéntame de nuevo la historia de la cigüeña y el zorro. Se está tan bien aquí. Lejos. Muy lejos de los peligros que acechan más allá de ti. En este santuario de leña y piedra, en el que no se aceptan intromisiones de necios con mentes rígidas. Únicamente el perro es bien acogido, con su constante atención. Regala besos húmedos en la mejilla, nos comprende infinitamente sin tener ni  idea de lo maligna que puede llegar a ser la gente.

Podríamos acercarnos al manantial. Mientras te agachas a beber del imaginario cuenco de tus manos, insistirás en hacer esa excursión a tu playa de olas rotas y despeinado Nordés.

O podríamos regresar y disfrutar de otra una indigestión de magdalenas.

Quizás acostarnos en nuestra cama a escuchar canciones. Yo hablaré sin cesar. Tú seguirás preguntándote por qué los ojos de Paul Newman son casi tan azules como los tuyos.

Te extraño.

Cuando las cosas se ponen feas, pero también cuando siento ganas de sonreír y bailar. Mi viejo amor anciano… te habrás desviado de las nubes blancas. Imposible imaginarte recostado sobre la mano de dios, aburrido y refunfuñón. Eso no va contigo. Porque eras terriblemente guapo y canalla. Y además, tenías una herida de bala en la mano. Porque jamás permitías que te creciesen los pelos en la nariz, o se te descolocase el chaleco… creo más bien que te hallarás volviendo locas de pasión a hermosas mujeres en un mundo paralelo. Por mi parte, sigo recordándote un día tras otro, no estás ausente en ninguno de ellos. Constante como el agua del manantial. Flaco el favor me hiciste, a veces me río por ello, y es que ya ves… las novelas aseguran que solo se tiene un gran amor en la vida.

A mi abuelo:

hold me ‘til i die..
meet you on the other side..

 

Rathen

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