CUANDO AÚN ESTABAS CONMIGO

  El verde es un color joven, baila y se desparrama sobre las ondulaciones del valle. Acompaña a la corriente del río y asciende por las paredes del molino. Ni tan oscuro como el negro, ni tan peleón como el rojo, o bilioso como el amarillo. El verde solo es verde. Eso es. En él…

DICIEMBRE

Cuando vuelve a ser diciembre la luna narra sus historias gastadas. Viejos cuentos de carne y fuego se cuelan entre los sueños de ilusos e incautos mortales que confunden alma con estambre. ¿Crees de verdad, que es preciso luchar? Se cerraron las entrañas las pupilas como siempre… las tienes trémulas y hurañas Con la febril…

CAZAR COLORES

Hace varios días que llueve sin cesar. Mientras el autobús del colegio apuñala charcos, yo me convierto en timonel de un velero, y surco el mar de mi infancia. Las nubes se vierten sobre los campos, inesperados lagos rodean al pueblo, y un hermoso mundo acuático se sobrepone a la realidad. No es posible que…

ERES PRINCESA MUERTA

      Yo podría ser una princesa. De proponérmelo. Pero de eso se trata precisamente. Que no me lo propongo. No me sale del m..oño. De hecho, odio a las princesas y a las muñequitas. A no ser, claro está, que tengan menos de 15 años y lo sean por derecho propio, sin alardes ni estridencias. Las…

EL CORAZÓN DE LOS MUERTOS

STAY ALIVE!!!! Nunca acabaré de entender quién soy, y tampoco por qué, para qué o por quién vivo. Pero eso es algo que ya no me interesa. He decidido dejar de devanarme los sesos con preguntas sin respuesta. Simplemente aprovecho la rutina unos días, otros la rompo a conveniencia, visito el mar con frecuencia y…

HOMENAJE A SILVIO

Ojalá… “Ojalá” significaba nada, hasta que Silvio la cantó… “ojalá se te acabe la mirada constante la palabra precisa, la sonrisa perfecta ojalá pase algo que te borre de pronto una luz cegadora, un disparo de nieve” Ojalá… Decían. Le hablaba a un dictador, y ahora, a quien quiera yo. Hoy, que te pienso, a ti.…

ASI QUE ME FUI A LA PLAYA.

Mientras sufro un terrible cólico espiritual, y hallándome completamente desubicada ante el caos circundante, el coche es un guardaespaldas legítimo. Tan legítimo como matarse a pastillas. O a chocolate. Y una mujer cualquiera (o sease:  yo)  se pone el cinturón, enciende la radio, despotrica un rato de la música en España, y arranca. Tras sintonizar…