Guerra y paz

  Nunca llegamos a comprendernos bien. Nos tendíamos la mano como quien tiende la ropa, en un hilo tenso y expuesto al sol y al viento, tanto que en la inclemencia del tiempo se nos dilataban las noches entre palabras y silencios, dejando en el aire un vago vaho hecho de suspiros y bostezos vueltos…

Esplendor en la hierba

  Nunca entendí como la gente no venía aquí más a menudo, para amarse en público o a escondidas, gozar del placer, de lo prohibido, de la vida. La hierba, siempre verde y cuidada, invita a dejarse caer de espaldas y yacer disfrutando del esplendor de un cielo cian que enmarcan montañas enebradas y azules.…

Historia de dos ciudades

  Uno nunca debe volver a los lugares en los que ha sido feliz. Es una máxima exquisitamente exacta, que conjuga a la perfección las coordinadas espacio tiempo, dando a las frases un sentido físico de fórmulas en fábula. Pero uno siempre regresa a los lugares en los que amó la vida, bien sabiendo que hay…

El sonido del silencio (the sound of silence)

Hace algún tiempo se han ido las notas. No me evalúo y trato de convivir con el silencio sosegado que se extiende entre los pensamientos mudos que invaden mi cabeza como soldados desorganizados, tropas anárquicas que quieren guerrear contra una cordura tiesa como las cuerdas de una guitarra mal afinada. Los acordes nunca se aproximan…

La educación sentimental (II)

Era una época en la que yo llegaba andando a todas partes, incluso a aquellos sitios a los que no me proponía ir. No llegaba a contar los pasos porque, de alguna manera, parecía que mi podómetro interno se acompasaba con los latidos de un corazón que marchaba a una velocidad de crucero constantemente variable…

La educación sentimental (I)

Nunca supe entender su predilección por los coches antiguos y las bicicletas de época, destartaladas, que recuperaba de los garajes más oscuros para volver a poner en plena calle, bajo los ojos de una sociedad que aún no le tenía el pulso tomado al rescate de lo ahora denominado vintage. Será por eso que su…

Parafina

  Los miraba divertida desde el fondo del local, apoyada en una mesa de biliar ajada por el tiempo, el uso y el descuido. Veía las caras y escuchaba las discusiones filosóficas que tenían una partitura de voces en grito y susurros, con contratiempos de de silencios bajo la batuta de las cañas que subían…